“Bienvenido al site de San Sopletito, patrono popular de las causas quemaditas. Este site se realiza en agradecimiento de toda la comunidad sopletera (unos dos o tres por ahí) al Santo patrono y a los que hunden con ardor y pasión el soplete”

ORACIÓN A “SAN SOPLETE”
"Patrono popular de las causas quemaditas”

¡Amado San Soplete!
Tú, que estás de alguna forma re caliente,
Concédeme el milagro de conseguir lo que te pido.
Mi San Soplete, que a través de Tu Hijo San Sopletito
Decidisteis que yo, tu ciervo sopletero, sopletee el soplete
Con ardor y pasión.
¡Cuídame del soplete ajeno!
¡No permitas que me sopleteen sin permiso, el soplete!
¡Aléjame del sopletero sopletor!
Devuélveme la paz del soplete milagroso.
Yo llevaré Tu soplete a todos los que no tienen
Un buen soplete para sopletear.
Amen.

Nota: No está permitido hacer cadenas ni novenas.
¡Arréglese con el soplete que usted tiene!

miércoles, 25 de marzo de 2009

BIOGRAFÍA DE LA VIDA DE SAN SOPLETITO








PÁJARO QUE DIO LA BUENA NUEVA


San Sopletito es contemporáneo de San Rodrigo y de Santa Gilda. Vivió hasta su muerte en el populoso barrio de Villa Ortúzar. Su padre, Carlos Abel Soplete, tenía un taller sobre la avenida Triunvirato de colación, venta y reparación de caños de escape. Carlos María Soplete (hoy canonizado a la fuerza y conocido como “San Sopletito”) tuvo una infancia feliz. Desde pequeño solía jugar con la soldadora autógena del taller de su padre y que pronto aprendería a utilizar. Esta herramienta tan peligrosa para un niño de tan corta edad, acaso haya sido el motivo de su santidad postrera. Declaraciones vertidas por testigos aseguran que Carlitos solía encender el soplete por las tardes (cuando caía el sol) por el sólo hecho de contemplar la ardiente llama que de ese chirimbolo salía. Aunque ciertos encontronazos con su padre, motivados por la pérdida inútil de gas lo hayan encomiado al encierro, no fue motivo suficiente para que Carlitos se dejase de joder con el instrumento. Días de contemplación, meditación y constipaciones varias sumieron su espíritu en una total salpicación de ave (de ahí la conocida entada gourmet). Vecinos en diagonal aseguran haber escuchado los improperios que su padre le propinaba a Carlitos cuando, sin querer soltar el soplete, Carlos Abel, manifestaba: “¡Te vas a quemar boludo! ¡Nos vas a hacer volara a todos en mil pedazos…!”
El niño, rebelde en su esencia de niño santo, tomaría un día del mes de noviembre una de las decisiones más trascendentales de su vida: probar el poder de la llama santa del soplete. Es así que una noche del mismísimo mes de noviembre, el niño metió la ardiente flama dentro de la jaula del canario, propiedad de su querida madre, Toti. Al instante, Carlitos comprobaría en aquel cuerpecillo de pájaro chamuscado la supremacía del fuego sopletor. En ese mismo momento y tras concluir con su empirismo averil, apareció de la nada el fantasma del pájaro que tras el siguiente graznido, informó: “Crua chan, crua chan, crua chan” (de ahí el tema musical del grupo Sumo, Crua Chan); lo que en esperanto significa “Que pedazo de hijo de p…” . No importa. Carlitos María Soplete ya era un niño santificado por la buena nueva del ave recién tostada. Repiquetear de campanas de lavarropas acudieron en pronta sonería dentro de su cabeza. Aires en redondos círculos sopesaron sobre sus hombros tras sumergir a nuestro santo en un tonel acicalado, y, nada más.
De aquí en adelante, Carlos María Soplete, viviría como un ser ermitaño y harapiento; comiendo donde pudiese y colocando el soplete donde lo dejasen. Pero una tarde de noviembre (¡Qué casualidad, m’hijo!) volvió, como un hijo pródigo, al taller de su padre.
Los hechos que siguen suelen mezclarse con el mito y el vodka.
Una tarde de noviembre (por supuesto) Carlitos encendió a escondidas el soplete del taller. Sin darse cuenta quizás y tras sufrir violentos y repentinos movimientos peristálticos y antiperistálticos, dejó la llama del soplete pegada al tubo de gas. Cuando Carlitos volvió de sus menesteres fisiológicos al lugar, advirtió que la garrafa estaba tomando un rápido tono carmesí.
Hay quienes dicen que tal acontecimiento fue tomado por el santo como una señal divina; otros lo endilgan al resultado de un insano producto de la boludez. No importa (ya se dijo). Lo cierto es que en menos de lo que canta un gallo de Esculapio, Carlitos voló por el aire junto con toda la manzana.
Los acontecimientos que siguen (ya se dijo) son conocidos. A partir de aquí, un grupo grueso de señoras gruesas, comienza a endilgarle ciertos milagros reconocidos como causas ya quemadas, situaciones ya vencidas, acontecimientos incinerados; en resumen, San Sopletito es patrono popular de sucesos imposibles de resolver mediante la invocación de los Santos conocidos por la comunidad católica de Argentina y de los barrios aledaños, por supuesto.
El mensaje de San Sopletito trasciende todo entendimiento. Unos lo relacionan con el fuego que todo lo quema y lo purifica, otros, a un problema de Metrogas. Unos creen en el poder del santo patrono como regente de causas milagrosas; otros, como un piromaniaco primo hermano de Bonzo. Unos aceptan la pasión del Santo como símbolo de cambio y redención, otros, como un bombero voluntario de poca voluntad. Tampoco importa. En fin, esta es la historia de San Sopletito. Por su vida, pasión y caput, es el santo de las causas quemaditas (como ya se dijo). Sí, ya está. Amen.

2 comentarios:

  1. Como diría mi abuela: que ordinario!
    Yo solo le agregaría: Apuntà mas arriba, transgresor/a fracasado/a!
    Anónimo, obvio.

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  2. ESTIMADO ANÓNIMO. PUEDO APUNTAR MÁS ARRIBA Y DARTE BIEN EN EL MEDIO DE TU ANO.

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